Tierra de Confusión

18 November 1996 00:00  [Source: ICB]

La última reestructuración de la privatización de las empresas petroquímicas, llevada a cabo por el gobierno mexicano, no ha tranquilizado el ánimo de los inversores.

La confianza de los inversores en la industria petroquímica estatal mejicana, Pemex-Petroquímica, es vacilante, mientras que los retrasos y la confusión continúan ensombreciendo su esperada privatización. El último mensanje del gobierno mejicano es que ha abandonado oficialmente sus planes de vender los intereses controlados en sus 61 plantas petroquímicas estatales.

El 13 de octubre, el Ministro de Energía, Jesús Reyes Heroles, anunció la nueva estrategia de privatización del gobierno que contemplará el 51% de la industria permaneciendo bajo control estatal, mientas que el otro 49% restante se cotizará en la Bolsa mexicana. Esto sigue los pasos del plan anterior del país, para colocar el 100% de la propiedad extranjera y privada de activos en manos estatales.

Si, en las próximas semanas, el Congreso mexicano aprueba dicho plan, este programa reducido verá, tanto a los inversores extranjeros como a los privados, restringidos a accionistas minoritarios en los 2.33 billones de dólares del activo de Pemex-Petroquímica (valor contabilizable de las 61 plantas en julio de 1996).

Dicho activo consiste en diez complejos petroquímicos y 61 unidades de fabricación asociadas, que producen productos petroquímicos secundarios. Tres de los complejos - Cosoleacaque, Cangrejera y Morelos - están considerados como emplazamientos a escala mundial.

Bajo esta última estrategia, que fue aprobada por la Cámara Baja de los Diputados a primeros de mes, el activo de Pemex será reorganizado en un número todavía incierto de compañías afiliadas, a cada una de las cuales se le asignará un número determinado de acciones. Las 61 plantas se venderán entonces, pero con no más de un 49% de las acciones de cada una de ellas vendido a inversores privados o extranjeros.

Esto hará que el proceso de privatización se vea retrasado hasta principios de 1997, según fuentes industriales. La privatización total del activo de Pemex se discutió por primera vez en 1992, pero se canceló más tarde porque los bajos precios petroquímicos redujeron el interés de los inversores, según fuentes del gobierno mexicano.

A primeros de 1995 se llevaron a cabo nuevos intentos de privatización, por instrucción del Presidente Ernesto Zedillo, que esperaba completer el proceso total de privatización de la industria para mediados de 1996. Sin embargo, presiones legales y políticas hicieron que la fecha tope transcurriera y que el gobierno siguiera arrastrando sus pies hasta hace pocas semanas.

Según Reyes Heroles, el principal objetivo de la nueva estrategia es acelerar la expansión de la capacidad productiva de la industria petroquímica y promover la mayor inversión privada posible en las nuevas plantas. Sin embargo, Arturo Sánchez, analista político del Instituto de Estudios Políticos de México, dice que el gobierno mexicano cometió el error de anunciar la venta de las operaciones petroquímicas secundarias antes de establecer una estructura legal apropiada para ello, un movimiento que está haciendo a algunos inversores extremadamente cautelosos.

Mientras que la nueva estrategia intenta hacer algo sobre la "imprecisión e inseguridad" de la naturaleza legal de la privatización de la industria petroquímica mexicana, los analistas continúan describiéndola como "vaga e imprecisa", diciendo que deja muchas preguntas por responder. La estrategia intenta proporcionar una cierta seguridad estableciendo definiciones legales más claras y precisas de los dominios públicos y privados. Determina que las plantas petroquímicas secundarias ya existentes permanecerán bajo control gubernamental bajo el plan 51/49, en línea con la reserve del Acuerdo de Comercio Libre Norteamericano (North American Free Trade Agreement = NAFTA), mientras que las ocho o nueve petroquímicas básicas permanecerán bajo control estatal al 100%. No especifica ningún control sobre la inversión privada en plantas secundarias, ni la eliminación del requisito de que las empresas privadas necesiten permiso del gobierno para construir plantas nuevas.

Los analistas están también comentando que la decisión del gobierno de no privatizar la industria en su totalidad, tomada unos 18 meses después de haberla anunciado, se debe exclusivamente a presiones políticas. El plan original produjo una fiera oposición política de la izquierda, de las empresas privadas y de las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que votó para detener el proceso el pasado mes. Se dice también que la decisión será la causa de caídas en el precio de las acciones mexicanas y del 4% de la devaluación del Peso, desde que surgieron los rumores del nuevo plan.

Una fuente de la industha química mexicana dice que la estrategia deja muchas preguntas sin responder y elimina una gran parte del incentivo de la inversión porque solamente deja disponibles las acciones minoritarias. La estructura de las nuevas compañías privadas públicas es discutible, con Raúl Livas, jefe de personal del Ministerio de Energía de México, diciendo que serán organizadas alrededor de los diez complejos de Pemex ya existentes.

Livas confirmó, sin embargo, que la reorganización interna por medio de divisiones y fusiones es muy probable.

Cómo se gestionarán las nuevas compañías está todavía por decidir. Livas confirmó que el gobierno está trabajando, en la actualidad, en nombrar directores para las nuevas compañías y en la especificación de los "derechos de las minorías".

Está todavía por ver si los inversores extranjeros o privados tendrán algo que decir acerca del nombramiento de dichos directores o del equipo de gestión. Qué control ejercerá el gobierno después de la privatización está también por decidir.

Especialmente preocupante para algunos inversores es la cuestión de si la subasta de las acciones de Pemex en la Bolsa estará abierta a los extranjeros o no. Como dijo un analista: "Que los inversores extranjeros no se hagan ilusiones. Es muy posible que dé preferencia a las compañías nacionales. E incluso si se invita a los inversores extranjeros a pujar, el juego, tal y como está estructurado, está en la inversión pasiva".

Tal política de indecisión está produciendo sentimientos mezclados tanto entre los inversores privados como extranjeros. Mientras que el gobierno mexicano describe la reacción de la industria a la nueva estrategia como positiva, fuentes fidedignas dentro de la industria sugieren todo lo contrario.

Un analista dijo: "Muchas compañías extranjeras están adoptando una actitud de 'sentarse y esperar', pero en privado dicen cosas como ésta: "¿Qué piensan, que somos estúpidos? ¿Piensan que vamos a invertir en una empresa estatal en la que el gobierno retiene el control absoluto?"." Otro analista dijo: "No se debe menospreciar la seriedad con la que se está contemplando dicha situación. La gente con negocios ya existentes en México, que depende de la compra de materias primas de Permex, está pensando en desmontarlos e irse o otra parte. Éste es un paso gigantesco hacia atrás para México".

Mientras tanto, según la Asociación Nacional de Industrias Químicas de México (ANIQ), muchas empresas privadas, especialmente las mexicanas, han manifestado su apoyo al nuevo plan, ya que el control del gobierno les da la seguridad de obtener futuros suministros de materias primas. La anterior incertidumbre sobre la propiedad de las plantas de Pemex significaba que el suministro de contratos a largo plazo no estaba garantizada.

Según Tadeo Perich, vicepresidente de UN Petroquímica y Refinería de Argentina, el comprar no más del 49% de una planta petroquímica podría ser una ventaja, ya que require menos capital. Sin embargo, un empresario nunca va a renunciar al control de su negocio, añadió Perich. Algunas compañías extranjeras parecen más pacientes que otras. El presidente de Shell México, Joaquín Moreno Uribe, dijo que la compañía tenía un interés a largo plazo en México y que respetaría aquella decisión. "Seguimos interesados en invertir en Pemex, pero mantendremos una mirada atenta a las nuevas reglas mientras el gobierno mexicano pone a punto su estrategia".

El portavoz de Chevron Mexico, George Johnston, confirmó que la compañía ya no estaba interesada en Pemex, como la había estado atres, aunque se reservaría su decisión hasta que "las reglas del juego" fueran definidas convenientemente.

Sin embargo, la privatización parcial de Pemex no ha disuadido a DuPont de realizar más inversiones. El vicepresidente de DuPont de México, Amado Cavazos, anunció recientemente los planes de la compañía de invertir hasta 350 millones de dólores para el año 2000, tanto en los negocios ya existentes como en nuevos proyectos en México. Confirmó que una parte de la inversión estaba planificada para una participación "a bajo nivel" en la venta de la planta petroquímica.

Norsk Hydro, una de las empresas que semetió una licitación de venta del 100%, mantiene una actitud abierta en relación a futuras inversiones, a pesar de que el concurso público fue declarado nulo recientemente (ECN 21 de octubre). El vicepresidente de asuntos públicos de Hydro, Tor Steinum, confirmó que un negocio a medias con Pemex, basado en una minoría de intereses, no era imposible, aunque añadió que, de momento, no se estaban llevando a cabo negociaciones con el gobierno mexicano.

Varios otros empresarios, que pidieron permanecer en el anonimato, dijeron también que sus compañías estaban volviendo a examinar los planos de inversión a la luz de las últimas restricciones de la privatización. Algunos otros expresaron dudas sobre la imparcialidad de la competencia entre las plantas petroquímicas propiedad de Pemex y las nuevas plantas, propiedad de inversores extranjeros, especialmente en lo que se refiere a materias primas.

Reyes Herales niega que el cambio de estrategia sea un paso hacia atrás, diciendo que la estrategia anterior había fracasado y que el nuevo plan contribuirá a una modernización y a un cambio estructural más rápidos. También proporcionará la seguridad de 5 billones de dólares en nuevos proyectos ya sobre la mesa. También se proporcionarían 500 millones de dólares esterlinas procedentes de los fondos del 49% que se utilizarían para modernizar y descongestionar las existences 61 plantas.

Queda por ver si la nueva estrategia encontrará un campo común entre "todo para el estado" y "todo para el sector privado". Sin embargo, la verdad es que México tiene muchas necesidades, pero no mucho capital. Como Albert Capanta, Director de la Cámara de Comercio de México, dijo: "México necesita encontrar el equilibrio de inversión extranjera que sea bueno para México y para NAFTA". Está todavía por ver si esta nueva estrategia proporcionará dicho equilibrio y fomentará la confianza de los inversores.





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